Devenir planta: Introducción al narcisismo
- Alejandro Arciniegas

- 7 ago
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Conocemos la historia de un organismo que, antes de convertirse en planta, posee un sistema nervioso con un órgano vestibular coronado por un ojo, que a su vez se erige sobre un pedículo [Llinás, 2002]. Toda su vida consiste en filtrar aguas y reproducirse por gemación. En su estado larvario, cuenta con un ganglio de trescientas células que, a modo de sistema nervioso central, le guía durante un día, o incluso menos, hasta que por fin encuentra un lugar acogedor donde podrá arraigarse: "Las primeras imágenes que pasaban ante nuestros ojos eran rocas de formas fantásticas… también eran masas rocosas sumergidas bajo alfombras de ascidias y anémonas… " [Verne, 1870]. Nada —como un renacuajo— percibiendo la parte del biotopo que le concierne, para enterrar la cabeza y absorber y digerir su sistema nervioso, su médula espinal y, ya que estamos, también su cola. En resumen, es la historia de un animal que se come su cerebro y vuelve a ser sésil.
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