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"Hasta que se tiene uno": el orgasmo de Wilhelm Reich

Actualizado: 11 ago


Reich escribe: "el hombre debe su sufrimiento al hecho de ser la única especie biológica que destruye su propia función sexual natural". Dejemos de lado esta pequeña observación, aunque punzante, de que el original en inglés es, en este punto, mucho más categórico que su versión española: "man is the sole biological species that has destroyed its own natural sexual function and is sick as a consequence of this". Hay ahí, en realidad, dos diferencias importantes cuyo alcance excede por sus consecuencias, tanto en la teoría de las neurosis como en la economía sexual reichiana general, el aspecto semántico.


El hombre aquí señalado no se enfrenta a una capacidad de dañar su propia sexualidad, como a una potencia que le amenazara desde lejos o que solo pesara sobre unos pocos desgraciados a quienes les fuera posible enfermar o no, si tan solo respetaran las reglas que garantizan su marcha natural, por lo tanto, ni perturbada ni destruida —ni mucho menos—. Si hay una potencia, esta ya se ha efectuado, y el hombre no debe simplemente sufrir de quién sabe qué angustia metafísica, al contrario: está, con todo su cuerpo, en verdad enfermo ("sick"). La elección de las palabras cuenta mucho en un texto con vocación clínica. ¿Pero cuál es entonces esta función natural de la que Reich no deja de encontrar los restos en la mayoría de sus pacientes? Evidentemente, la que da título a la obra aquí reseñada: La función del orgasmo.


El estudio de la función orgástica juega en la economía sexual el mismo papel que Edipo en el psicoanálisis: curar supone la eliminación de la impotencia en un caso, como la "resolución" del complejo en el otro. Se sabe de qué calibre son las expectativas de Reich respecto a esta curación mediante una potencia orgástica regenerada que no solo debe atajar la neurosis, sino acabar ni más ni menos que con la peste del fascismo y el cáncer. Lo que pasa con el orgasmo es que, como una relación sexual suele ser una experiencia más o menos agradable, todo el mundo creerá haber tenido muchos, hasta que se tiene uno. Y se puede perfectamente vivir, morir, sin saberlo.

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